lunes, 21 de marzo de 2011

Mensaje oficial Día Mundial del Teatro 2008

por Robert Lepage


Existen varias hipótesis sobre los orígenes del teatro, pero la más estimulante tiene la forma de una fábula:

Una noche, en tiempo inmemorial, un grupo de hombres se habían reunido en una caverna para calentarse en torno a un fuego y contarse historias. Cuando, repentinamente, uno ellos tuvo la idea de levantarse y de utilizar su sombra para ilustrar su relato. Al ayudarse con la luz de las llamas, hizo patentes sobre las paredes de la cueva a unos personajes de tamaño mayor que los naturales. Los otros, deslumbrados, reconocieron en las sombras al poderoso y al débil, al opresor y al oprimido, al dios y al mortal.

Hoy día, la luz de los proyectores sustituye a la fogata inicial y la maquinaria de escena, a las paredes de la caverna. Y con todo respeto a algunos puristas, esta fábula nos recuerda que la tecnología es la causa incluso del teatro y que no debe percibirse como una amenaza, sino más bien como un elemento enriquecedor.

La supervivencia del arte teatral depende de su capacidad para reinventarse integrando nuevas herramientas y nuevas lenguas. ¿Si no, cómo el teatro podría seguir siendo el testigo de todas las grandezas y de lo que está en juego en su tiempo y, al mismo tiempo, promover el acuerdo entre los pueblos, si él mismo no demostrara apertura? ¿Cómo podría jactarse de ofrecer soluciones a los problemas de la intolerancia, la exclusión y el racismo, si, en su práctica propia, se negase a todo mestizaje y a toda integración?

Para representar al mundo en toda su complejidad, el artista debe proponer formas e ideas nuevas, confiando en la inteligencia del espectador, que es capaz así mismo de distinguir la silueta de la humanidad dentro del perpetuo juego de luces y sombras.

Es cierto que jugando mucho con el fuego, el hombre corre el riego de quemarse, pero así alberga también la esperanza de convencer y de iluminar.

MEnsaje oficial Día Mundial de Teatro 2007

El teatro permite la apertura de nuevos canales de diálogo entre diferentes razas, diferentes etnias, diferentes colores y diferentes credos

por Sultán Bin Mohammed Al Qasimi

Fue durante mis primeros años escolares cuando comenzó mi fascinación por el teatro, aquel mundo mágico que me ha cautivado desde entonces. Los inicios fueron modestos, un encuentro casual al que consideré como una actividad extracurricular para enriquecer la mente y el espíritu. Pero fue mucho más que eso al llegar a estar seriamente involucrado como escritor, actor y director de una producción teatral. Recuerdo que fue una obra política que enfureció a las autoridades de aquella época.

Todo fue embargado y el teatro clausurado frente a mis propios ojos. Pero el espíritu del teatro no pudo ser aplastado por el peso de las botas de los soldados armados. Ese espíritu buscó refugio y se alojó en lo más profundo de mí ser, haciéndome totalmente conciente del amplio poder del teatro. Fue entonces cuando la verdadera esencia del teatro me impactó del modo más profundo, llevándome a estar absolutamente convencido de lo que el teatro podía hacer en las vidas de las naciones, particularmente frente a quienes no pueden tolerar oposición o diferencias de opinión.

El poder y el espíritu del teatro se enraizaron profundamente en mi conciencia a lo largo de mis años de universidad en El Cairo. Ávidamente leía casi todo lo escrito acerca del teatro y pude ver los diversos alcances de lo que se presentaba en los escenarios. Esta conciencia se ha profundizado aún mas en los años subsiguientes mientras he tratado de seguir las últimas evoluciones en el mundo del teatro.

Estoy leyendo sobre del teatro desde los tiempos de los ancestrales griegos hasta la actualidad. He llegado a estar agudamente conciente de la magia interior que los muchos mundos del teatro tienen el poder de ejercitar. Es de esta forma que el teatro alcanza las profundidades ocultas del alma y liberan los tesoros escondidos que habitan en las profundidades del espíritu humano. Ello ha fortalecido mi ya imperturbable fe en el poder del teatro, en el teatro como un instrumento de unificación a través del cual el hombre puede difundir amor y paz.

El poder del teatro también permite la apertura de nuevos canales de diálogo entre diferentes razas, diferentes etnias, diferentes colores y diferentes credos. Todo esto me ha enseñado personalmente a aceptar a otros tal cual son y me ha infundido la convicción de que en el bien la humanidad se puede mantener unida y en la maldad la humanidad puede ser únicamente dividida.

Es verdad que la lucha entre el bien y el mal es intrínseca a los códigos del teatro. Por último, sin embargo, prevalece el sentido común y la naturaleza humana en su conjunto se unirá en si misma a todo lo que es bueno, puro y virtuoso.

Las guerras con las que la humanidad ha sido afligida desde tiempos ancestrales han sido siempre causadas por instintos malvados que simplemente no reconocen la belleza. El teatro valora la belleza y uno podría hasta argumentar que ninguna forma de arte es capaz de capturar la hermosura con más fidelidad que el teatro. El Teatro es un receptáculo que abarca todas las expresiones de belleza, y aquellos que no valoran la belleza no pueden valorar la vida.

Teatro es vida. Nunca hubo un momento como el actual cuando es de nuestra incumbencia denunciar guerras fútiles y diferencias doctrinarias que frecuentemente levantan sus horrendas cabezas en ausencia de una conciencia real y responsable que las inhiba. Necesitamos terminar con escenas de violencia y matanzas al azar. Estas escenas se han convertido en sucesos cotidianos en el mundo de hoy, solamente agravados por las abismales diferencias entre la perversa opulencia y la abyecta pobreza, y enfermedades como el SIDA que han depredado muchas partes del globo y derrotado a los mejores esfuerzos para erradicarlas. Estas enfermedades son, junto con otras formas de sufrimiento por la desertificación y la sequía, calamidades provocadas por la ausencia de un diálogo auténtico que sería el camino seguro para convertir al mundo en un lugar mejor y feliz.

Gente de teatro, es casi como si hubiésemos sido abatidos por una tormenta y obnubilados por el polvo de la duda y la sospecha que se nos están acercando. La visibilidad ha sido casi completamente eclipsada y nuestras voces estridentes pero apenas audibles en el clamor y división intentan mantenernos distantes el uno del otro. En realidad si no fuese por nuestra profundamente enraizada fe en el diálogo tan excepcionalmente manifestado por formas de arte como el teatro, habríamos sido barridos por la tormenta que no deja piedras sin voltear para dividirnos. Debemos encararlos, no para destruirlos sino para levantarnos por sobre la contaminada atmósfera abandonada en el despertar de sus tormentas.

Necesitamos aunar nuestros esfuerzos y dedicarlos a comunicar nuestro mensaje y establecer lazos de amistad con aquellos en busca de hermandad entre naciones y gentes.

Nosotros somos mortales, pero el teatro es tan eterno como la vida misma.

Mensaje oficial Día Mundial de Teatro 2006

«El teatro está dejando de contar historias para debatir ideas»

por Víctor Hugo Rascón Banda (dramaturgo mexicano)

Todos los días deben ser días mundiales del teatro, porque en estos veinte siglos, siempre ha estado encendida la llama del teatro en algún rincón de la tierra. Al teatro, siempre se le ha decretado la muerte, sobretodo con el surgimiento del cine, la televisión y ahora los medios digitales.

La tecnología invadió los escenarios y aplastó la dimensión humana, se intentó un teatro plástico, cercano a la pintura en movimiento, que desplazó la palabra. Hubo obras sin palabras, o sin luz o sin actores, sólo maniquíes y muñecos en una instalación con múltiples juegos de luces.

La tecnología intentó convertir al teatro en fuego de artificio o en espectáculo de feria.

Hoy asistimos a la vuelta del actor frente al espectador. Hoy presenciamos el retorno de la palabra sobre el escenario.
El teatro ha renunciado a la comunicación masiva y ha reconocido sus propios límites que le impone la presencia de dos seres frente a sí que se comunican sentimientos, emociones, sueños y esperanzas. El arte escénico está dejando de contar historias para debatir ideas.

El teatro conmueve, ilumina, incomoda, perturba, exalta, revela, provoca, transgrede. Es una conversación compartida con la sociedad. El teatro es la primera de las artes que se enfrenta con la nada, las sombras y el silencio para que surjan la palabra, el movimiento, las luces y la vida.

El teatro es un hecho vivo que se consume a sí mismo mientras se produce, pero siempre renace de las cenizas. Es una comunicación mágica en la que cada persona da y recibe algo que la transforma.

El teatro refleja la angustia existencial del hombre y desentraña la condición humana. A través del teatro, no hablan sus creadores, sino la sociedad de su tiempo.

El teatro tiene enemigos visibles, la ausencia de educación artística en la niñez, que impide descubrirlo y gozarlo; la pobreza que invade al mundo, alejando a los espectadores de las butacas y la indiferencia y el desprecio de los gobiernos que deben promoverlo.

En el teatro hablaron los dioses y los hombres, pero ahora el hombre habla a otros hombres. Por eso el teatro tiene que ser más grande y mejor que la vida misma. El teatro es un acto de fe en el valor de una palabra sensata en un mundo demente. Es un acto de fe en los seres humanos que son responsables de su destino.

Hay que vivir el teatro para entender qué nos está pasando, para transmitir el dolor que está en el aire, pero también para vislumbrar un rayo de esperanza en el caos y pesadilla cotidiana.

¡Vivan los oficiantes del rito teatral! ¡Viva el teatro!

Mensaje oficial Día Mundial del Teatro 2005

   por Ariane Mnouchkine
  Directora teatral de la compañía Teatro del Sol








¡Socorro!
¡Teatro, ven a socorrerme!
Duermo, despiértame.
Estoy perdido en la oscuridad, guíame, al menos hacia una vela pequeñita.
Estoy perezosa, averguénzame.
Estoy fatigado, levántame.
Estoy indiferente, golpéame.
Sigo indiferente, rómpeme la cara.
Tengo miedo, dame coraje.
Soy ignorante, edúcame.
Soy monstruosa, humanízame.
Soy pretencioso, hazme morir de risa.
Soy cínica, desconciértame.
Soy estúpido, transfórmame.
Soy mala, castígame.
Soy dominante y cruel, combáteme.
Soy pedante, búrlate de mí.
Soy vulgar, cultívame.
Estoy enmudecida, desátame.
Ya no sueño, trátame de cobarde o de imbécil.
He olvidado, lanza sobre mí la Memoria.
Me siento vieja y sosegada, haz que salte la Infancia.
Soy pesado, dame la música.
Estoy triste, ve a buscar la Alegría.
Estoy sorda, haz aullar al Dolor como una tempestad.
Estoy agitado, haz que se eleve la Sabiduría. Soy débil, ilumina la Amistad.
Soy ciego, convoca a todas las Luces.
Estoy sometida a la Fealdad, haz entrar a la Belleza que conquista.
He sido reclutado por el Odio, haz que dé todas las fuerzas del Amor.

Mensaje oficial Día Mundial del Teatro 2004

  por Fathia El Assal (Egipto)




El Teatro es el padre de todas las artes. Esta es una verdad que nadie puede rebatir y por esa razón es mi única y exclusiva pasión.


Siempre he creído que los dramaturgos se distinguen por sus nobles sentimientos humanos. Sus mensajes pueden así ayudar a la gente a superarse, a liberarse de sus frustraciones, de su explotación, y de esa manera conseguir una cierta dignidad.

Para que los dramaturgos tengan éxito en cumplir su misión e influir en las personas, deberían dominar a fondo su profesión, y tener completo control sobre el estilo de su expresión artística. Si no, su mensaje se dispersará a merced del viento y no dejará huella alguna tras él. No conseguirá su objetivo.

En toda obra de arte, el mensaje del artista siempre ha estado impregnado a la par de justicia humana, madurez de expresión y autenticidad. Sería pues un error considerar que uno de estos factores puede prevalecer sobre los otros.


Dicen que el Teatro es un arte basado en estructuras sólidas desprovistas de cualquier artificio superficial, y que sus diálogos deben ser firmes, concisos y alejados de la farfulla. También dicen que por esta misma razón es incompatible con la naturaleza de la mujer, que es incapaz de disociarse de su ego, y en consecuencia no puede expresarse con objetividad. ¡Eso dicen! A esto replico: la mujer, que es capaz de llevar en su seno una nueva vida durante nueve meses es igualmente capaz de crear una obra de teatro sólida y coherente. Con una condición: que sea una auténtica dramaturga.

Por suerte, el teatro moderno se ha liberado de las formas tradicionales como resultado de distintas oleadas de renovación que comenzaron con Pirandello, Bernard Shaw, Brecht y muchos otros que han destacado por su teatro del absurdo, del rechazo y del vanguardismo experimental. Actualmente es muy raro que un gran dramaturgo escriba una obra de teatro siguiendo un estilo tradicional.


En mi primera obra de teatro (‘Mujeres sin máscaras’) utilicé ‘el teatro dentro del teatro’, una fórmula que se ha hecho familiar en el teatro moderno. Mi obra comenzaba con un grito y una pregunta, porque me sentía preñada de palabras que provenían de decenas de años e incluso siglos atrás.

¿Puede que hubiera llegado el momento de que los dolores que estrangulaban mi yo más profundo se liberasen y proyectaran mi palabra hacia la existencia? ¡Mi palabra! ... Mi pasión ... Mi infancia ... ¡Mi hijo! Escucho su voz tan lejana de quejas y suspiros. Una voz que fue machacada y humillada. Una voz cuyos ecos reverberan generación tras generación. La conciencia de la historia humana soporta el terrible peso de la persecución y la presión abrumadora.

He rehusado plasmar en un papel una sola palabra que no emergiera de lo más profundo de mi alma. Ni una sola línea que no expresara la verdad sobre la mujer, sobre su poder de dar. Por eso le pedí a mi pluma bajo juramento que rechazara el escribir una sola línea si era para expresar debilidad o frustración, y le pedí bajo juramento que se negara a obedecerme si me sentía cobarde ante la verdad. Después le pedí que me ayudara a sacar a la luz al mayor número de mujeres posible cuyas vidas hubiera compartido, para acercarme más a ellas y ser su portavoz.

Podríamos por tanto desnudarnos por completo ante los demás, deshaciéndonos del moho acumulado con el paso del tiempo y lanzar un grito en contra de las circunstancias y las situaciones que han impedido la eclosión del poder humano.

En fin, creo que el Teatro es la luz que ilumina el camino de la humanidad. Una luz que asegura una unión orgánica con el espectador, creando calor entre nosotros, los que nos enfrentamos al texto escrito o a la interpretación en escena.

Mensaje oficial Día Mundial del Teatro 2003

por Alfonso Sastre

Este año, el Día Mundial del Teatro ha llegado en el marco de una tragedia mundial que estamos viviendo desde la estupefacción al horror: el ataque -la agresión criminal- del Imperio norteamericano y sus cómplices a los pueblos de Irak.

Quienes estamos por un teatro comprometido -o, digamos, implicado en la vida social y política- hemos saludado con alegría que el mundo del teatro y del cine haya estado en la Salud, ¡vanguardia de la denuncia y la protesta contra este genocidio anunciado. compañeros actores y actrices! Os habéis puesto allí donde hay que estar. En ese lugar seguiremos encontrándonos a partir de ahora.

La historia del teatro contiene todo un tesoro de sabiduría, y hoy podemos recordar un antecedente de esta infamia, que a su vez tuvo un antecedente en el bombardeo de Gernika: el empleo en 1945, por parte del Imperio norteamericano, de bombas atómicas sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, ciudades de un país, Japón, que ya entonces estaba vencido. Un crimen memorable.

En el teatro hubo replicas a aquel gran crimen, y entre ellas se puede recordar un drama del autor norteamericano Upton Sinclair, La fuerza de un gigante, en el que su autor recordaba una frase también del teatro: Shakespeare había dicho en el siglo XVII que se puede tener "la fuerza de un gigante" pero que es una infamia que los gigantes abusen de su fuerza. Esta idea de Shakespeare ha tomado en las últimas jornadas una renovada fuerza moral.

Estamos ante el final de una ilusión y en el comienzo de nuevos tiempos. Este nuevo "cerco de Numancia" que ha sido y está siendo la llamada "guerra de Iraq" nos pone en el trance de dotar a nuestro teatro de pensamiento y de acción contra los dictados del Imperio. Es preciso terminar con una situación en la que, bajo la bandera del antiterrorismo se están cometiendo los mayores crímenes. Y el teatro no puede estar mudo ante tales hechos.

Ahora permitidme que os lea un breve poema que escribí hace más de cincuenta años, y en el que lo que está ocurriendo lo es y ¡propuse y propongo que imaginemos una tragedia -de qué manera! a través del comportamiento del personal del teatro en el que la obra se representa: el electricista, el apuntador, el director, el traspunte y el maquinista. Pueden ser imaginadas varias tragedias. Imaginemos nosotros una, muy actual. El poema se titula Tragedia en tres actos, y dice, sigue diciendo, así:

TRAGEDIA EN TRES ACTOS

Acto Primero
El electricista ilumina un crepúsculo de tristeza infinita.
El apuntador, recordando su vida, se dispone a llorar.
El director, inquieto, acecha desde un palco.
El traspunte ve temblar en su mano el libreto.
El maquinista no quiere mirar.


Acto Segundo
El electricista se ha puesto de luto para hacer su trabajo.
El apuntador apunta su pésame en el rojo libreto.
El director se ofrece a presidir este duelo si fuera preciso.
El traspunte, desesperado, llama a escena gritando a los sepultureros.
El maquinista, loco de dolor, no quiere hablar con nadie.

Acto Tercero
El electricista pone relámpagos verdes y rayos mortales.
El apuntador ha cerrado en su mano el libreto.
Ya no puede ni hablar de congoja.
El director se negaba a montar este acto.
El traspunte se ha caído borracho a lo hondo del foso.
El maquinista se retira del mundo.


Nosotros no nos retiramos del mundo. Nosotros trataremos de retirar del mundo a los autores y a los cómplices de esta gran catástrofe que ha puesto al planeta -al Gran Teatro del Mundo- sobre el filo de una navaja mortal. Agur, pues, y trabajemos por la Agur y mil esperanzas para el futuro! Paz en el teatro y fuera del teatro.

Mensaje oficial Día Mundial del Teatro 2002

por Girish Karnad 
          
            El Natyasastra es uno de los tratados teatrales más antiguos del mundo. Data al menos del S. II a.c. y su primer capítulo cuenta la historia del nacimiento del Drama.
Era una época en la que el mundo estaba hundido en la infamia moral. La gente se había convertido en esclava de pasiones irracionales. Había que encontrar nuevos medios –“agradables ala vista y al oído y también edificantes”-, que provocaran el resurgimiento de la humanidad. Por eso Brahma, el Creador, combinó elementos de los cuatro Vedas (textos sagrados) para formar un quinto texto, el Veda de la Interpretación. Pero como los dioses no saben de teatro, le encargaron el nuevo Veda a Bharata, un ser humano. Y Baratha, con la ayuda de sus cien hijos y algunos danzantes celestiales enviados por Brahma, montó la primera obra. Los dioses contribuyeron con entusiasmo al aumento de las posibilidades expresivas del nuevo arte.
La obra que presentó Baratha trataba del conflicto entre los dioses y los demonios, y celebraba la victoria definitiva de los dioses. La producción encantó a los dioses y a los hombres. Pero los demonios que había entre el público se ofendieron profundamente. Así que usaron sus poderes sobrenaturales y desorganizaron la representación paralizando la voz, los movimientos y la memoria de los actores. Los dioses, a su vez, atacaron a los demonios matando a muchos de ellos.
Todo concluyó en un acto de violencia, por lo que Brahma, el Creador, se acercó a los demonios y les dijo: EL drama es la representación del estado de los tres mundos e incorpora los objetivos éticos de la vida –los espirituales, los seculares y los sensuales-, sus alegrías y sus penas. No hay sabiduría, ni arte, ni emoción que no se encuentre en el teatro.
El discurso de Brahma sobre el teatro se convierte así en la esencia del mito.
Éste es un texto reverenciado, escrito para instruirnos en el arte y las técnicas de la producción teatral, y que habla de la representación primigenia en la historia de la humanidad. El propio Creador, junto con otros dioses, ninfas celestiales y actores entrenados, se implicaron en el proyecto. El resultado debería haber sido un éxito clamoroso. Sin embargo, se nos dice que fue un desastre.
El mito, me parece a mí, señala una característica esencial del teatro que los comentarios conciliadores de Brahma no podrían reconocer posiblemente: que cada representación –aunque esté cuidadosamente creada- conlleva en sí misma el riesgo del fracaso, de la ruptura y, por tanto, de la violencia.
Una representación en vivo requiere, como mínimo, un ser humano interpretando y otro observándolo, y eso ya es una situación cargada de incertidumbre.
Nunca antes el mundo ha vivido tanto el drama como hoy. La radio, el cine, la televisión y el vídeo nos inundan de drama. Pero aunque estas fórmulas comprometan o incluso enfurezcan al público, en ninguna de ellas la respuesta del espectador altera el hecho artístico en sí. El Mito de la Primera Representación subraya que, en el teatro, el dramaturgo, los intérpretes y el público forman un continuo, pero un continuo que siempre será inestable y, por tanto, potencialmente explosivo.
Este hecho garantiza la propia muerte del teatro cuando trata de interpretar con demasiada seguridad; pero también es su razón de ser. Aunque a menudo su futuro parezca incierto, el teatro continuará viviendo y provocando.
Girish Karnad, dramaturgo indio. (Mensaje del Día Mundial del Teatro del año 2002, texto facilitado por el Instituto Internacional del Teatro.)